No estás.
Ya lo sé.
Dijiste que no volverías, pero tampoco te fuiste del todo y te detesto por eso. Y a mí y a tus arcanos y a todas estas cartas que no abriste porque no entregué.
Porque no me diste el tiempo,
porque no lo hubo nunca.
En algún sitio, en algún sueño,
decidiste no dar el tiro final.
Así que me río, aunque duela.
Porque mi risa te brillaba en los ojos apagados de cansancio. Macilentos de saber y no quererlo así.
Eras hermoso.
Ríete tú también.
Retumba en estas paredes y en los huecos que dejaste aquí dentro, entre mis dedos que se habían amañado a los tuyos.
Ríete.
Hazme compañía a ciegas y deja la huella de tu sombra en mi regazo, donde solías encontrar pretexto para el silencio.
Que tu rostro se vela en estos ojos crisálida,
sellando toda alucinación,
todo recuerdo de ti vivo,
latiendo.
En algún sitio, en algún sueño,
mírame un poco y acuérdate de mí.
Yo aún lo hago.
