La definición del amor.


   
   Esta es una carta a los que me amaron.

   A la que clavó sus tristezas y rencores en mis miedos y me acusó con el mismo dedo que acarició el interior de mi boca, rasgando mis cuerdas vocales para luego exigir rompiese el silencio del cansancio. Al que me quiso con las medias rasgadas y se fue corriendo con mis cicatrices en un puño para no volver. Al que me besó con los ojos abiertos y lloró sobre mi pecho su ira neurótica y gélida. Al que se fue sin haber estado, regresando en busca de alivio, carne y sangre. A la que mutiló mis esperas con indiferencia castigadora. A la que hizo inciso en mis historias y murió en cada personaje que luego llamaría ficción, traiciones de fantasía. Al que jamás le nació la despedida y no quiso dejarme ir aunque no hubiese espacio para mí bajo su ala. Al que me prometió asilo con su dedo meñique y me sacó a patadas de su vida, volviendo meses después a que le limpiase las heridas, yéndose una vez más.  Al que me vio mojar la cama del miedo, convulsa en lágrimas, e hizo el terror realidad, cruento, sádico. A la que hurgó en mis entrañas y vertió mi podredumbre en una bandeja, dejándome vacía y descosida. Al que me hizo sentir querida y luego clavó su pupila asqueada en mi centro blando, violentado, recordándome que lo usado nunca será bello. A la que hizo guerra en mi espalda y amoló sus uñas con mis huesos, sublime e inalcanzable, encima de toda aquel despilfarro de poesía vulgar, muy encima para poder detenerse a mirarme desangrada en su regazo. Al que corrió mi labial y mis alegrías con el mismo beso de Judas...

   El amor es un huésped que viene acompañado y se va muy pronto, sin avisar. 
Sin arcanos ni fotografías en su sombra, su presencia es sólo un sello más en el pasaporte. 
   Una llamada más, un mensaje sin respuesta, la canción que jamás dedicaste. 

   No hay cómo decir de repente 
«tómame», de las manos, de la cintura, de la vida. 
   No hay a quién, que no se quede tanto como para que se sienta su ausencia,
ni se vaya tan pronto como para dejarte a medias.

   Con las miel en los labios, con las piernas temblando y el corazón en un nudo de gasa sucia.

    Con todo el daño y el susto,
cabizbajos regresamos al pórtico,
enfermos de hambre y náusea.

   No sé cuál sea la definición de todo esto y de todos estos huecos aquí dentro...

   Pero no es amor.