22/07/2017
«Hay cosas más importantes». Escucharás.
Siempre hay cosas más importantes que tus propios escozores. En la vida, en el mundo, en los demás: siempre habrá algo más importante. Esta minusvalía emocional no es nada. Aguanta, arrodíllate y traga; ¿por qué luchar por lo que todos sufren? La violencia que has sufrido no es distinta a la violencia que haya padecido otro, cierra la boca. ¿Te imaginas que el mundo se parase sólo porque te han hecho daño?
Para el agresor sí se ha parado. Para quien señala, quien mira con asco, sobre el hombro, con la nariz alzada. Tu cuerpo no es tu cuerpo, tu cuerpo es una campaña publicitaria; unos querrán decirte que lo censures, otros te dirán que cualquier movimiento tuyo es parte de un proceso de reivindicación social que empodera a las minorías. Nunca será por ti, por tu bienestar, por tu aceptación. Nunca será por las veces que dejaste de usar camisetas de tirantes, o las veces que en todo julio no alzaste tus mangas. No se tratará sobre las veces que las miradas te comieron vivo, te desollaron; sobre las veces que los «consejos» te apuñalaron.
Límpiate más. Arréglate más. Cuídate más. Cúbrete más. Descúbrete más. No deberías mostrar eso. No deberías ocultar lo otro.
Tu enfermedad es un contagio, aunque sea inofensiva. Transgrede las normas del buen gusto y la belleza, que ya no es subjetiva. Es algo a erradicar, pero no puedes erradicarlo.
Así que te cubres. Huyes del sol, de los ojos, de los dedos, de cualquier roce.
Porque estás sucio.
Un día te sentirás bien, te sentirás adecuado.
Pero alguien te dirá «qué te ha pasado ahí», hurgando con sus pupilas la herida que ya no está cerrada, que vuelve a gotear plasma, sangre, sal.
Vas a ir a casa a cambiarte. A cubrirte. Porque estabas equivocado, no estabas bien.
Hay cosas más importantes.
Pero hoy, ahora, está bien que duela.
Porque poco a poco te cubrirás menos, y te dará igual si tu piel es un sí o un no. Porque tu enfermedad no será más que una pequeñísima parte de todo lo que eres. Ya no sentirás que debes darle las gracias a otro por aceptarla, porque no es un favor. Es parte de ti.
Habrá recaídas.
Pero seguirás.
Y te curarás por dentro, y lo de afuera ya no arderá. Sólo será una cicatriz más.
