Para Leo.

No te fuiste tú solo ese 2013. Te llevaste una parte de mí que nadie va a devolverme. 

¿No era irónico? Estabas tan roto y tu sonrisa eran tan irreverente, tan prematura. Tú, rebelde, cándido, inocente. Yo sé que lo intentabas, no tenías que jurármelo al regazo, con las manos amarradas al pecho. Te quise valiente, en tu ira, en tu odio; te amé abatido, en tu confusión, en tus lágrimas. Y hubiese dado todo lo que tenía, di todo lo que tenía, para protegerte. Pero el mundo nos podía, a ti a mí. A todos, me dirías, siempre poniéndote de último, descorazonándome y llenándome de luz. Fuiste primavera prematura, un vistazo accidental a la esperanza. «No debimos habernos conocido, pero pasó», soltabas, cuando me abrazabas por la espalda. Yo no entendía por qué a las personas más bonitas les pasaba lo peor. Tú me respondías que eso debía aplicármelo a mí antes que a ti. Me prometiste que todo estaría bien, que el dolor pasaría. Si me vieses ahora; ya no evado al sol ni al tornasol de las cicatrices. Te encantaría verme usar falda, me he quitado ese horrible flequillo que me cubría el rostro y las marcas que decías te gustaban. He sido fuerte. Y aún quiero no perdonarte por no estar aquí, quiero pensar que te diste por vencido, que fuiste egoísta. No quiero disculparte por haber cerrado los ojos sin llamarme una vez más, por haberme dicho que no lo harías horas antes del final. No te absuelvo, no te dejo. Y me dirías, si pudieses hablar, que soy una idiota, que araño carbones mojados, a lo irreversible. Me dirías que soy una cabezota, que debo mirar más por mí y menos por el universo, que no es mi culpa. No te perdono que me hayas dicho que me querías si al día siguiente no irías a verme, y sólo tendría a un completo anónimo relatando tu muerte como una tristeza más en un salón vacío, de miradas huecas, repleto de indiferencias fatales. No lloré. No pude llorarte. Pensé en ti, consiguiendo la paz que tanto añorabas. Y me dije que quizás así debía ser, aunque ni tú ni yo lo quisiésemos. No quiero llorarte. Sé que si acepto que no estás me olvidaré de ti, y no quiero. Sé que ahora mismo me gritarías que me perdonase por no haber estado ahí, por no haber sabido que esto pasaría, por haberte dejado ir luego de haber visto en tus ojos el futuro de esa noche. No quiero. No quiero no quererte. Mas tampoco quiero quererte si se eso se resume en admitir que no volverás, pasen los años que pasen. Hoy voy a dejar que me lastimes un poquito, lamentarte. ¿No es irónico, Leo? Siempre señalaste mi endeble interior, lo tomaste entre tus manos con un amor tan diligente que pude haber pensado estabas enamorado. Decías que me cuidarías mientras yo aprendiese a dejar de cuidar a los demás. «Mi niña», sonreirías. Ya no puedes sonreír. Y ya no soy una niña. Aún no he conseguido mucho de eso de no enamorarme de los errores, así que quédate conmigo un poco más. Donde sea que estés. Regáñame. Haz algo. Pero no te quedes callado otro año más. Ya mañana no te vuelvo a recordar. Estarás contento ahora. Fuiste demasiada llama para este océano de incertidumbres, y ahora me toca a mí completar lo que comenzamos. Arde bien, mi vida.