El cariño huele a libros mojados en marzo.



Querido tú;

Al final supongo que tú sabías lo que iba a pasar. Y por eso decidiste irte, de a pocos, desaparecer. 

Lo mismo sí te enteras y piensas en mí. Lo mismo te enamoras y piensas en quien se enamoró de ti antes. Te escribo esto por eso de que el primer amor nunca se olvida; pero no te mentiría, incluso ahora, no fuiste mi primer amor, tristemente, pero sí mi redención. Me enseñaste que podía querer sin dejarme a trozos, sin tenerle miedo al día siguiente, sin esperar un futuro en una cama caliente ni entre cartas por leer. Te escribo esto porque sé que no me vas a leer, y que no te importará. Viniste, hiciste, me hiciste y ya no estás. Y te prometo, te prometo con todos mis fallos, que yo no sabía que las cosas serían así. Tenías las manos más suaves del mundo y me resbalé al querer prenderme de ellas. Nunca supe demasiado de nada, siempre supe un poco de todo. Mas, de nosotros... de nosotros no queda nada por saber más que el hecho irreductible de que nunca fuimos, o no lo sé.  No lo sé. ¿Fuimos? Sé lo que fuiste para mí. Y sé lo que serás. Me gusta recordarte como el primero porque no dueles, no me sangras por dentro, no me lastimas. Y sé que te extrañaré un tiempo más, hasta que todo vuelva a ser como antes para mí. Porque hay una parte del camino que se va a tener que torcer antes de que me retuerza yo, y volveré a perder ese lado donde te había dejado grabado a fuego. La costra más linda de mi vida, la que me arranco todos los días para no olvidar quién me la hizo, porque le quiero. Porque te quiero. Pero voy a despertar y ya no tendré ganas de subrayarla con mis uñas. Y se va a borrar. Y la marca quedará, blanquecina, traslúcida al sol... como tú. De un tornasol rocío. Te recordaré con la risa liviana y los ojos entornados. Te recordaré despierto en mis insomnios. Porque he llegado a esa parte del camino y me he despertado, como decías que debía de ser. Y, ¿sabes algo? Estabas ahí.

Pero no te vi. 

Gracias, sol.