Mi cuerpo, no tu fuero. Poema II. - Dime que estoy violable.

Dime que estoy violable,
dímelo con la mirada fija y los ojos muy abiertos.
Que entre tus orbes y los míos sólo existan los siglos de dolor,
aquel niño mutilado,
aquella mujer escupida,
aquel vientre estallado,
aquel cuerpo desnutrido de reflejo nauseabundo.
Del embarazo no deseado,
de la tortura no pedida,
del grito no escuchado,
del corazón pausado.

Dime que estoy violable,
y méteme las ganas debajo de la falda,
como quien mete un arma bajo la almohada,
la misma arma que apuntará a la cara llena de semen
y el regazo lleno de angustia.

Wink. 

Dime que estoy violable,
y tu madre echada al suelo
con la boca rota
y las piernas pintadas de hematomas
afirmará con la boca llena de algodón y sangre.
Y tu hijo con las manos de otro en las caderas,
mientras le liman el rostro en el pavimento
con embestidas de risas
y «en el fondo le gusta».

Dime que estoy violable,
como el infante ultrajado al salir de clases,
como quien podría ser tu hermana 
en codos y rodillas
sollozando
siendo viviseccionada con un cuchillo de carne
que arde en su interior
desgarra
sofoca
causa vómito 
y entre cada arcada
mata un poco más.

Dime que estoy violable,
como si nada.
Levanta tus manos al cielo
y bendice tu ignorancia
mientras fuerzas tu endeble masculinidad
tu dudosa humanidad
tu asquerosa existencia
en la garganta menor
entre los dientes partidos
de tu siguiente víctima.

Dime que estoy violable
y que es un halago,
como ese pescador que ensarta al pecezuelo con el garfio ímpio
y lo analiza ya en el balde
retorciéndose en el exceso de aire
fuera de su líquido amniótico
pidiendo clemencia.

Dime que estoy violable,
ábreme las piernas,
el alma,
la carne,
las puertas de la muerte.

Yo coseré las heridas con hilos de camomila,
paños y vapor.
Fuego, de ser necesario,
para limpiarme de ti.

Para limpiarnos de ti.

Mi infame enfermo,
mi granuja.

Corre, corre,
ve y diles
que están violables

que es un halago

Un día,
tal vez,
quién sabe
tus cuerdas vocales llores pus
y esa lengua sidosa
entienda
al fin
lo mal que estás.

Porque, criatura,
cada uno de estos escenarios
son los que aplaudes
cuando me dices que estoy violable.