Hola, ausencia.
Te he llamado un par de veces, pero creo que no me escuchaste. En tu puerta me he dejado la piel de los nudillos, pensando que quizás habías olvidado mi nombre y por eso no respondiste... o no quisiste responder. He intentado gritarte, pero olvidé que te habías llevado mis cuerdas vocales y me he quedado estancada en la afonía tortuosa de no saber pronunciarte. Es extraño, porque antes podía desordenar tus letras, porque antes estabas tatuada en mi lengua.
He intentado atraparte, pero sólo me quedé con tu carne bajo mis uñas, y ya no encuentro qué más comerme para llenarte. Para llenarme. He intenado escribirte otra misiva en la madrugada, pero no hay insomnio tan poderoso como para hacerme embeberte en el papel. He intentado hacerte un verso, y leerte en prosa. He intentado dejar de hallarte y perderte, para luego encontrarme contigo cuando menos te necesito. He intentado trazarte en el aire, mas, me he quedado sin oxígeno.
Tengo miedo, ausencia.
Hay muchas intenciones en mis cartas, mas en ésta he fallado... No sé por qué, se me está olvidando colocarle mayúsculas a tu nombre. Creo que es porque te me estás convirtiendo en el sustantivo al que recurro cuando me pierdo a mí misma, y eso me asusta, ausencia. No tienes idea de cuánto me asusta.
Cuando no estás, estás más que nunca. Me dueles como mil demonios, y te araño con la nariz, olfateando tu sombra... Cuando no estás, estoy yo. Sola. Tan sola como estoy contigo, pero más sola aún cuando no me puedo aferrar a ti y hay alguien tocando a mi puerta. No quiero abrirle, ausencia. No quiero que nadie más entre en tu rendija, esa que quedó por abrirme el pecho para que anidaras en él. No quiero que mi lado izquierdo se llene de lo desconocido, pero tampoco quiero que se vacíe de ti... No quiero, ausencia, que desaparezcas y regreses, cuando ya te haya perdonado. Quiero odiarte y envenenarme con el amor que no me diste, quiero que la herida supure tu indiferencia, gotee en mis párpados y me ponga a dormir. Quiero saber que estás ahí para protegerme de todos, menos de mí...
Protégeme, ausencia. Sólo por hoy, necesito que me abraces.
Incluso si no fuiste quien pensé, incluso si fuiste más de lo que esperé jamás, incluso si no me quieres, ámame hoy. Cóseme la boca y arráncame la lengua, si es que me puedes regalar un beso. Ausencia, creo que no puedo estar sin ti... Todavía escucho golpes en la puerta, y sé que tras ella no estás tú. Está otra existencia que intenta usurpar tu lugar, que intenta arrancarte de mis entrañas, que intenta quererme. No le dejes que me quiera, ausencia. Por favor, haz que desaparezca... Haz que me odie, que me repudie, que me olvide... No dejes que le haga daño, ausencia. Porque yo no soy nadie por ti, pero sin ti no existo; no permitas que encuentre algo real en mi interior, te lo ruego.
No dejes que le quiera tanto como a ti, porque yo ya no sé querer. O quizás nunca supe.
Te lo pido de rodillas, ausencia, de rodillas como estuve cuando clamé porque no me abandonaras. Te lo suplico, desde este hueco oscuro, con todas las palabras que conoces de mí y que usaste en mi contra. Ausencia, no dejes que le ame. No dejes que le hiera...
No escucho más golpes en la puerta, ausencia. Creo que puedo dejar de llorarte ya, creo que puedo asomarme y huir. Mas, me topo con una sonrisa sincera, con un abrazo cálido, con una voz muda que me espera, aunque también te haya sufrido. No recuerdo si tus dedos hayan sido así de suaves, como los que ahora me quitan la mordaza de la boca. No recuerdo si me esperaste cuando tenía miedo, o si me escupiste por ello... Y no sé si tú recuerdes, ausencia, cuando te dije que eras el lirio blanco de mi jardín. Te reíste mucho aquella vez, con ternura, sin comprender.
Alguien está frente a mí, ahora. No todas sus heridas están cicatrizadas, ni todas sus cicatrices son suyas; pero ausencia, en sus manos tibias sostiene un lirio tan pálido como tú y tu presencia.
No sé cuándo vuelva a escribirte, mi querida ausencia... ni cuándo vuelvas a llenarme. Sólo sé que aunque me esperes ahí, correré tan lejos como sea necesario, así mis piernas se quiebren en el camino. Recorreré todos esos caminos que me habría gustado conocer contigo. Hay muchos peros en mis cartas para ti, mientras él no me ha escrito ninguno...
No intentes protegerme ahora, no intentes regresar. Te buscaré, lo sé, porque nada es eterno... así que no me extrañes mucho.
Ausencia, ¿sabías tú lo que los lirios significan?
Te adoro y confío en ti.