En más de seis años he tenido que regresar porque las rodillas me tiemblan
y me sangran,
pero no a ti.
Nunca he regresado a ti.
Porque jamás me he ido.
Y no creo irme,
pero no creemos en los para siempre.
Sólo en los para todo.
Y no creo irme,
pero no creemos en los para siempre.
Sólo en los para todo.
Y los días de silencio se ríen como ferias en el pasado;
nublados, fríos, eternos.
Pero también finitos.
Me río con ellos porque pienso en ti y en qué habría sido de mí sin nosotras.
Qué otra cicatriz cargaría encima de la equis de mi lado izquierdo.
Tengo lágrimas de no tenerte cuando quiero, y abrazos de sentirte aún así,
siempre cerca. Cuando te necesito.
Tengo bostezo de querer un día despertar y verte,
besos de insomnio en la frente.
Y no sé cómo lo haces,
te juro que no lo sé,
porque aquí dentro todo está tan desordenado y tú entraste
como si hubieses estado aquí toda la vida.
Y te agradezco.
Te agradezco como se agradece al aire cuando te ahogas.
Por todo. Por ti. Por ser.
Porque también he visto tus tristezas y me han dolido.
Porque cuando te supe lastimada entendí que no había manera,
ninguna manera,
de no querer en tu órbita.
Y te quiero.
Por tu sonrisa boba cuando deambulas en un comentario.
Por no entenderte cuando hablas recién levantada.
Por llenar los silencios con risas.
Por tu cariño, por ir tan despeinada por la vida.
Por hacer la distancia tan invisible y tu calor tan palpable.
Te quiero.
No sabes cuánto.
Pero un día Madrid prenderá sus luces aquí, o allá, donde estemos.
Y así te lo resumo.
Y te enteras.
Pero también finitos.
Me río con ellos porque pienso en ti y en qué habría sido de mí sin nosotras.
Qué otra cicatriz cargaría encima de la equis de mi lado izquierdo.
Tengo lágrimas de no tenerte cuando quiero, y abrazos de sentirte aún así,
siempre cerca. Cuando te necesito.
Tengo bostezo de querer un día despertar y verte,
besos de insomnio en la frente.
Y no sé cómo lo haces,
te juro que no lo sé,
porque aquí dentro todo está tan desordenado y tú entraste
como si hubieses estado aquí toda la vida.
Y te agradezco.
Te agradezco como se agradece al aire cuando te ahogas.
Por todo. Por ti. Por ser.
Porque también he visto tus tristezas y me han dolido.
Porque cuando te supe lastimada entendí que no había manera,
ninguna manera,
de no querer en tu órbita.
Y te quiero.
Por tu sonrisa boba cuando deambulas en un comentario.
Por no entenderte cuando hablas recién levantada.
Por llenar los silencios con risas.
Por tu cariño, por ir tan despeinada por la vida.
Por hacer la distancia tan invisible y tu calor tan palpable.
Te quiero.
No sabes cuánto.
Pero un día Madrid prenderá sus luces aquí, o allá, donde estemos.
Y así te lo resumo.
Y te enteras.
Y no harán falta las palabras.
