Dejé de creer en dios a los once años porque eso dejó de creer en mí desde que dejé el saco amniótico. A veces creo que jamás lo dejé. A veces creo que no nací, que aún gravito en conservantes y mi alma es un tubo de ensayo lanzado al vacío. Alguien bebe de este frasco, me seca, me tritura. Cuando siento que ya no hay nada que saquear, la esperanza me ataca y presiona en mi vientre, recordándome que aún duele. Que aún importa. Dejé de creer en demasiadas cosas, jamás creí en muchas otras. Y todas las salidas me regresan al este catre contaminado, a este olor de hospital y óleos que sólo yo siento. Tengo problemas. Soy un problema. Siempre lo he sido, y la vida me lo recuerda cada decena de rostros que se pinta en mis paredes; calcificados, enajenados. Como yo.
Pero hay una luz. Se cuela por las grietas de mis manías, no abrasa ni duele, no intenta engrillarme, no asusta. Me acepta.
Desde que estás aquí, aquí dentro, mis manos ya no se enfrían ni entumecen.
La tiranía del insomnio no parece tan aterradora cuando tu voz resuena en los recovecos de mi mente; esta violencia atribulada ya no me asfixia, ya no me socava. Descanso en el calor de tu palma, y no deseo nada más.
Desde que estás aquí, el dolor se ha mudado, y no sangran los bordados de mis finales. Los felices y los tristes. Contigo no hay finales. Contigo no hay sombras, ni guadaña que brille tras mis pasos. Y por primera vez en años, no recuerdo ya cuántos, aguardo en calma. Espero por las mañanas cuando antes odiaba su sol. Ahora tú eres mi sol. Por primera vez tengo fe.
En ti.
En nosotros.
Tú conoces este sitio. Tú conoces estas lágrimas y este daño. Tú las has llorado y lo has sentido.
Aquí hay un regazo donde dormir, un abrazo que ha esperado vidas por ti.
Tras el incendio y el exterminio de toda esta indolencia, tan sólo puedo ofrecerte la promesa de saberme tuya. De cuidarte de las esquirlas y velar por ti cuando el mundo sucumba. De reconstruirlo a tu lado y sembrar besos donde antes sólo habían vacíos. No tengo nada, nada más que mi cuerpo y un corazón que laterá por los dos cuando el tuyo necesite descansar. Y ante la incertidumbre, tan sólo podré darte la certeza de mi para siempre, sin importar qué, ni quién. Estaré a tu lado, estaré contigo. Y daré la vuelta al mundo para abrazarte por la espalda si éste te da la espalda a ti.
Me preguntaste si era feliz contigo.
Sol, yo nunca fui feliz antes de ti.