para mi niña
de piel de durazno
a Ella siempre se le parten las uñas
como se le ha partido el corazón
entonces me dice que le quedandos
o tres
enteras
y muchas g r i e t a s
y yo aquí
con dos horas de retraso
tan lejos de su cinco de enero
queriendo pegar
sus manos
con las mías
tic.
tic.
tic.
tic.
tic.
Joder.
por favor, que sonría
d e v e r d a d
por favor, que sonría
sin m á s c a r a s
por favor, que sonría
sin lágrimas en los labios
tal vez
quitarle
el frío del vagón
y de la vida
que se le quedó en el andén
pero no
sólo pude decirle
sin palabras
que no me molestaba me arañase
con las otras uñas
rotas
prometerle
que no la rompería jamás
•••
lo
nuestro era cosa rara; de girar, de correr, de chillar, de golpear. La
gente nos veía como dos bichos normales perdidos en un enjambre anormal,
al otro lado del charco. Lo nuestro era sobre su espalda, sensible y
pequeña, como sus hombros, como sus brazos, como sus contornos, y lo
fácil que encajaba conmigo. Lo nuestro era sobre nudos y jalones en el
cabello, sobre sus Converse púrpuras y mis pisadas tras suyo.
sobre
que se ve hermosa en vestido, con pantalones, en suéter, en palabras y
en silencio. Sobre cómo siempre regresa sin zarcillos cada vez que nos
vemos, pero siempre me da el gusto de verla usándolos. Sobre cómo cruza
las piernas al sentarse, y agita el chocolate antes de beberlo,
acompañándolo de más chocolate. Sobre la asiduidad con la que sus
desvaríos convergen con los míos, y nos hacemos una peli entre las dos,
con medio mundo como protagonista, y casi todos mueren. Sobre su risa y
sus gestos, su «jódete», y sus ojos que me hacen decirle «quédate».
Sobre cómo el firmamento se tiñe de avellana cada vez que pestañea, y
cómo se humedece sus rizos, y el desastre que llego a hacer con ellos al
jugar con las hebras cobrizas. Sobre lo pequeñas que son sus muñecas, y
lo bonito de sus pies, y el cómo camina, y brinca, y se detiene al lado
mío, llevándose al tiempo consigo.
sobre
su cabeza en mi regazo, y su figura de imán envuelta en mi abrazo; el
cómo respira en sobre mi pecho, y luego me patea. Sobre su boca de niña,
y fuerza de mujer. Sobre su recelo, sobre su confianza. Sobre todo lo
que atesoro de ella.
lo
nuestro es cosa rara, lo dicen las miradas en la estación, mientras la
empujo contra mí y le doy vueltas, queriendo darle vuelta a su mundo,
por un momento, antes de que tenga que volver a él. Pero esos ojos no
ven los ojos almendrados que yo veo, y el alma, a esa Alma que
está junto a mí. Entonces soy egoísta, y me la quedo por un rato, para
hacerla un poquito feliz. Me la quedo por una vida entera, de lluvia en
lluvia, para cuidar —o hacer el vago intento— que su corazón de origami
no se moje y se manche.
lo nuestro
lo suyo
lo mío
es raro.
las mejores cosas lo son.
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